domingo, 12 de febrero de 2012

Del día que conocí a Poe

Después de El almohadón de plumas sucedió lo que era de esperarse en un niño: todo se convirtió en  televisión y fútbol en la cancha del barrio. Aunque nunca dejaron de ser ojeados, especialmente las enciclopedias, los libros pasaron a ser nada más que la biblioteca de mi mamá; fueron varios años de amigos, intentos fallidos de novia, sudor junto a victorias y derrotas interbarriales, y clases que me llevaron de la primaria al bachillerato teniendo como única diferencia el uniforme y el rostro de mis nuevos compañeros de clase.
Afortunadamente, cuando al fin logré enamorar momentáneamente a una niña del colegio vecino al mío, encontré una librería que sería la responsable de mi primer libro. Yo salía unos minutos antes que ella, por lo tanto debía esperarla y la verdad, no soportaba esperar a mi novia rodeado de otros muchachos de mi colegio que hacían lo mismo. El primer paso fue sólo un intento por matar el tiempo, nada más; afortunadamente ese paso llevó a otro y así hasta un camino que no se ha detenido.
Entré a la librería. Quería esconderme y había encontrado el lugar perfecto. Era como el niño de La historia interminable y al igual que él, un libro apareció y me llevó, obligándome a comprarlo. Era el libro de Las narraciones extraordinarias, de Edgar Allan Poe.
Fue la primera vez que sentí ese impulso por tener un libro, porque fuera mío y pudiera leerlo cuando quisiera, así que lo compré. No pensé en mi novia y el helado que debía invitarle antes de llevarla hasta su casa, saqué el dinero que tenía y guardé la edición pirata de los cuentos completos de Monsieur Poe.
Fue con sus cuentos, sin importar la calidad de las hojas e incluso de la traducción, quienes transformaron el aburrimiento de la lectura en un habito de páginas y tinta. El gato negro, El barril del amontillado, El pozo y el péndulo, El corazón delator y La caída de la casa Usher fueron leídos en tan sólo unos días, y la librería donde conocí a Poe pasó a ser un refugio habitual en mi vida, hasta que desapareció convertida en un centro comercial de un piso. Al poco tiempo de terminar el libro mi novia me dejó. Los primeros días fueron dolorosos, como si en realidad nos hubieramos amado, pero a los poco meses la olvidé; en cambio a mi amigo Poe lo busco y lo leo cada vez que puedo, incluso lo recuerdo siempre que bebo y termino hablando de literatura.

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